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Miedo al dentista

Miedo al dentista

What is the most fearful intervention in ambulatory oral surgery? Analysis of an outpatient clinic.

Los anestesistas somos requeridos en las consultas dentales para tratar a pacientes adultos con cierta asiduidad. Normalmente porque la cirugía que se le va a realizar al paciente tiene una larga duración y el dentista quiere que el paciente se encuentre lo más confortable posible o porque el paciente lo requiere por problemas de miedo o ansiedad, o por pluripatologías, y así aumentar la seguridad del paciente durante el periodo perioperatorio.

Respecto a la segunda causa (miedo o ansiedad), los factores son variados (RCOE v.9 n.2 Madrid, marzo-abril 2004):

  • Miedo aprendido en el entorno familiar
  • Sexo femenino aunque existen estudios que no encuentran diferencias significativas entre hombres y mujeres
  • Niños y jóvenes son más ansiosos y miedosos
  • Experiencias desagradables previas, especialmente durante la infancia
  • Razas, y su entorno cultural
  • Factores socioeconómicos también parecen influir, sobre todo los factores sociales (familias rotas, drogadicción, problemas de educación, etc.)
  • Malos hábitos higiénicos suelen ser más ansiosas, al igual que aquellos que tienen un mal estado bucodental
  • Discapacidad psíquica experimentan más miedo a los tratamientos odontológicos por su falta de comprensión
  • Tiempo de espera prolongado antes de la atención; un número excesivo de pacientes en la sala de espera porque al individuo le parece que el tratamiento se realiza con prisas
  • Sesiones de tratamiento de larga duración parecen aumentar el nivel de ansiedad

Podemos actuar directamente sobre alguno de estos factores. Uno de los más “sencillos”, es mejorar la gestión de agenda en la clínica, evitando los tiempos de espera excesivamente amplios (la expresión de «que espere el paciente» debería ser cada día más infrecuente, sobretodo en tratamientos quirúrgicos y dentales), que a su vez producirá que las salas de espera se abarroten.

La consulta preanestésica es otro factor que disminuye la ansiedad a los pacientes que van a ser sometidos a una cirugía con sedación, o de larga duración. En ellas, además de conocer los antecedentes del pacientes y realizarle la exploración médica, valoramos los índices de riesgo anestésico quirúrgico, intentamos mejorar o adecuar las patologías del paciente al proceso perioperatorio, retirando o pautando medicación, recomendando diversas actividades, dando información del proceso y de los consentimientos y premedicando si estuviera indicando al paciente.

La ansiedad conlleva una disminución en el umbral del dolor y a la interpretación como dolorosa de estímulos que no lo son. El uso de benzodiacepinas, sean administradas oral, rectal, intranasal o intravenosa es hoy en día frecuente y es reconocida su utilidad en la prevención y tratamiento de estos problemas.

Nosotros generalmente utilizamos el LORAZEPAM (Orfidal), a dosis de 1 mg vía oral media hora antes de acostarse el día previo a al cirugía. Este fármaco es más amnesinte (dura desde 1 hora tras su administración a 6 horas e incluso todo el día) y 4 veces más potente  que el diazepam , con una vida media de eliminación más cortad, de 10-20 horas. Su metabolismo por conjugación, es más rápido y está menos influido por las alteraciones de la función hepática.

MIDAZOLAM (Dormicum) es otro fármaco que administramos, pero entre 30 minutos a 1 hora antes de la cirugía, a una dosis de 7,5 mg. Tiene una vida media de eliminación de 2,5 horas, y su metabolismo es realizado por los microsomas hepáticos por oxidación. Recordar que existe un subgrupo de pacientes (5,6%) que se les considera metabolizadores lentos y su vida media de eliminación es mayor de 7 horas. También que existe una relación inversa con la edad. La dosis en los pacientes de 20 años será de 0,07-0,15 mg/kg, disminuyendo un 15% por cada década de edad.

Otro fármaco que utilizamos en ocasiones es el ALPRAZOLAM (Trankimazin), sobretodo en pacientes fóbicos o que han presentado crisis de pánico, se les suele administrar la noche previa a la cirugía en dosis de 0,25-1 mg. Es 10 veces más potentes que el diazepam pero con una vida media de eliminación más corta (12 a 15 horas). Tras su administración es rápidamente absorbido alcanzando picos en suero entre 1 y 2 horas después de la administración oral. Administrado vía sublingual la absorción y efectos se presentan en un lapso de tiempo de 4 minutos aproximadamente (lo cual lo hace muy útil en caso de tratamiento de crisis de pánico en el gabinete dental).

Un fármaco antihistamínico como la HIDROXICINA  (Atarax) a dosis de 25-75 mg en un adulto también puede ser útil en la premedicación de la ansiedad en un paciente con antecedentes alérgicos. Es un fármaco del grupo de las difenilpiperazinas. Posee efectos antihistamínicos, sedantes, antieméticos y un ligero efecto analgésico.

Cualquier procedimiento puede ser útil si se consigue una disminución del temor dental antes y durante la atención dental, pero también es fundamental evitar las situaciones que conllevan daño al paciente durante el tratamiento y optimizar el trato humano dado por los profesionales de los servicios dentales.

Muchos dentistas acuden a nosotros solamente cuando las cirugías son de larga duración. Cuando en diversos cursos explicamos cuando puede estar indicada la presencia de un anestesista, les comentamos que los pacientes no sólo están ansiosos por estos procesos largos (más por el resultado). Les produce más miedo o ansiedad, otro tipo de tratamientos dentales, como las extracciones de las “muelas del juicio”. Tal vez por el número de personas que la han sufrido, y en algunas con postoperatorios más o menos complicados. Lo que al principio hemos referido como miedo aprendido en el entorno.

A cuenta de ésto, un artículo en Intenational Journal of Oral & Maxillofacial Surgery, del mes de Julio del 2012 donde se evalúa los niveles de miedo y ansiedad en pacientes con diferentes cirugías orales.

Este problema ocurre en un 40-50% de la población.

¿Causas? Experiencias traumáticas en la infancia, influencia familiar, ansiedad, entorno social.

El uso de escalas y cuestionarios para “medir” el grado de miedo al dentista suponen una ayuda para conocer el grado de rechazo al proceso, pero siempre deben de ajustarse a las características de la población a estudiar. Lo contrario llevaría a interpretar erróneamente los datos recogidos.

La muestra fue de 700 pacientes, incluyendo pacientes con cirugía de quistes óseos, tercer molar incluidos, extracciones, implantes dentales y cirugía de tejidos blandos. 200 personas fueron incluidas como grupo control.

Se utilizaron dos cuestionarios: Modified Dental Anxiety Scale (MDAS) y el Dental Fear Survey (DFS). El primero es una modificación de la Escala de Ansiedad de Corah, con 5 preguntas, cuyas respuestas van de “no ansioso” a “extremadamente ansioso”.

El segundo consiste en 20 preguntas, que van de “no me da miedo”, a “me aterroriza”. Está diseñado para tres factores de miedo al dentista. Las dos primeras evalúan las conductas de evitación, del 3-7 el grado de excitación en la consulta, y el 8-20 el miedo concreto al dentista.

Las conclusiones a las que llega es que es la cirugía de tercer molar incluido el que produce más temor  a los pacientes. Por ello concluye que este grupo de pacientes quirúrgicos debe de ser tratado de una forma especial, para mejorar su confort durante el proceso.

 

 

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